Como me la paso caminando por las calles, ya sea por trabajo o por movilidad, me he visto cara a cara con perros callejeros, tengan dueño o no. Voy pasando por la calle, un perro me ve pasar silencioso, atento a mis movimiento, cuando por fin les doy la espalda cuando se prenden y empiezan a gruñir y ladrar.
En las primeras experiencias lo primero que pensaba era en huir, mis piernas no preguntaban y empezaban a correr. Hasta que un día, el mismo miedo me enseño que también podría protegerme. Entonces comencé a poner mi mochila enfrente mio y moverla de un lado al otro hacia el perro, para parecer más grande y utilizar la mochila como escudo por si acaso. También me ha servido extender los brazos o hacer algo para parecer más grande.
Lo más curioso de esto han sido las interacciones que tenido con los perros. Verlos a la cara, hacia los ojos. Me hace sentir algo. A veces les gruño, y siempre les grito que me dejen en paz. Es que son mensos, es innecesario que hagan esa jalada, solo voy pasando.