Me he vuelto a enamorar, y ya no es como antes. Nunca lo volverá a ser y que bueno. Ahora soy más consciente de lo que implica enamorarse, los traumas han ayudado en eso.
Me estaba imaginando que respondería si me preguntarán “¿Tienes pareja?”, respondería:
No tengo y hace rato que no tengo, pero no lo veo necesario. No es por una onda de que “estoy enfocándome en mi”, sino porque con el paso de los años he ido construyendo una red de apoyo sólida, con amigos y amigas que me brindan contención emocional y apoyo moral, con los que he creado un nivel alto de intimidad que ha favorecido mi desarrollo como persona.
Aún así, la búsqueda de una pareja sigue latente en mi, como lo que es: una necesidad, quizás, biológica(?), una necesidad sexual y de conexión humana en otra de sus muchas formas.
No planeo tener hijos, pero no descarto ser padre, preferiría adoptar. Pero mis condiciones materiales actuales y como pinta el futuro menos me convencen para intentar la paternidad.
En este punto de mi vida, prefiero enamorarme de ilusiones, o dejar esos sentimientos como lo que llaman un amor platónico. Dejarlo en amores secretos, crushes nunca revelados, pero haciendo del coqueteo una muestra sutil de esos sentimientos y disfrutando de este tipo de conexión desinteresada.
Al final se trata de reconocer hasta que punto la necesidad de buscar una pareja no está totalmente influenciada por la lógica del capital que moldea nuestro deseo a través de los medios de comunicación.
La amistad es esa grieta que rompe con el amor romántico.
Pero bueno, esto es lo que pienso por ahora. Veamos qué pensaré en el futuro sobre este tema. Solo diré que este último enamoramiento me inspirará para escribirle un poema a esa chica que me da señales confusas (o imagino que hace). Me esta pasando otra vez.